Pese a soler considerarse a los masajes como evasores y para desconectar de los problemas, el ritmo de vida actual los convierte en un servicio de necesidad básica.
El masaje relajante pone toda su atención en liberar la tensión acumulada, de una manera lenta y progresiva. Sus efectos se pueden resumir en la sensación de relajación que infunde y la disminución del tono muscular. En estos masajes se suele actuar sobre los puntos de tensión del receptor, que suelen encontrarse en la espalda. Además, otro punto a cubrir es la realización de un masaje relajante en los pies, ya que son los que más sufren durante el día.
Una manera muy común de masaje relajante es el “sensitivo”. Suele estar dirigido a personas sanas (por ejemplo, el masaje terapéutico está más destinado a personas que tengan algún tipo de dolencia en alguna parte de su cuerpo) y se suele realizar en silencio, con cambios de ritmo y de presión. El objetivo primordial de este tipo de masajes es aliviar las consecuencias físicas y emocionales que nos produce el estrés (de ahí que también sea denominado masaje antiestrés), liberar las tensiones que nos oprimen. A la vez, otro de sus objetivos es transportar los desechos metabólicos a la sangre y la linfa, haciendo que estos dos fluidos, mediante las técnicas de masaje, lleguen a los centros de reciclaje.
